MariaModelloPerfettoCuando el silencio te circunde, como la cerca alambrada de un campo de concentración, y te aíslen la ingratitud y el abandono de los hermanos, piensa en María: y surgirá una poesía como el sol resplandeciente en el horizonte de tu fantasía; y con Ella vendrán las gracias del Señor, en un diálogo cada vez más abierto y lleno de confianza.
Nadie como María puede comprender la soledad, ni puede participar del dolor. Ella se hace presente, asume nuestra prueba y la virginiza: nos trae la armonía del paraíso y rapta nuestra alma hacia la contemplación de los santos.
Entonces, la desolación se abre desde la tierra a la contemplación del cielo, y la soledad se convierte en comunión.

(Igino Giordani, María modelo perfecto, Ciudad Nueva, Roma (1967), 2012, p. 145.)

Sobre todo, las creaturas más humildes, más ignorantes, más despreciadas en la convivencia con los otros, se santifican escondiendo, en el fondo de su alma atribulada, la imagen de María: Ella es su reserva, su refugio. Quizás por esta razón sucede que uno descubre, también en el corazón del ateo, o en el rostro deshecho del criminal, una imagen de María.
Y tal vez sobre todo por esto, también los no cristianos de Asia y África se llenan de alegría cuando logran tener una imagen suya. Sólo Ella asiste en la agonía del cuerpo y del espíritu. No por casualidad la Iglesia concluyó la oración del Ave María con la oración en la cual nosotros, pecadores, le pedíamos sus oraciones ahora y en la hora de nuestra muerte. Justo por eso: para no morir.

(Igino Giordani, María modelo perfecto, Ciudad Nueva, Roma, cit., pp. 147-148.)

 

Si uno se pone a pensar en la Virgen, de inmediato dan ganas de alabarla. Es Madre, la Madre por excelencia; y como todos los hijos reciben de ella alegría y auxilio, todos de igual manera celebran su belleza e invocan su poder y su paciencia. Es así como nacen nuestras letanías.

 

(Igino Giordani, “Fides” No. 9, septiembre de 1948)

María no derramó su sangre, no subió a la cruz, no fue juzgada, no predicó, no obró milagros... Es cierto: pero esto significa que la imitación perfecta se realiza en el alma. No cuentan tanto las formas externas cuanto la crucifixión interior, el apostolado de la vida, de la resistencia, con el espíritu de Cristo, aún en la fatiga, en el aburrimiento, en los pesos de la vida: la experiencia de la tierra.

(Igino Giordani, María, modelo perfecto, cit. P. 164)

Jean Guitton quiso re-elaborar, en términos más actuales, algunas letanías y así llamó a María: “Virgen de la reflexión”, “Reina de las sorpresas”, “Reina de nuestras decisiones”, “Virgen mediadora de la historia”.
Cuando llega María, la Iglesia universal entona un canto. En medio de la penumbra y del desaliento se escucha su nombre, y la atmósfera vuelve a aclararse, se enciende una luz sin final.
Ella es el sol en el cual Dios ha puesto su morada.

(Igino Giordani, María, modelo perfecto, cit. P. 182)

Esencialmente, imitar a María -para una persona casada- es vivir la castidad con la caridad, hasta el fondo, hasta virginizar todos sus pensamientos y sentimientos, de manera que su corazón le pertenezca por entero a Dios. Cuanto más se ama, más se virginiza.
Vivir a María es vivir como ángeles bajo apariencia de hombres. Es hacer de la propia familia una copia de la casita de Nazareth. Es hacer del cuerpo -con el sacrificio y la renuncia- un altar.

(Igino Giordani, María, modelo perfecto, cit. P. 204)

Este sitio utiliza cookies técnicas, también de terceros, para permitir la exploración segura y eficiente de las páginas. Cerrando este banner, o continuando con la navegación, acepta nuestra modalidad para el uso de las cookies. En la página de la información extendida se encuentran especificadas las formas para negar la instalación de cualquier cookie.