Semana de oración por la unidad de los cristianos 2016.

48-2-4-02Extractos de dos artículos de Giordani, escritos con ocasión de la Semana por la unidad y publicados en la revista Ciudad Nueva el 10 de diciembre de 1978 y el 10 de diciembre de 1979 respectivamente, que nos hacen intuir su visión profética del ecumenismo. Giordani subraya, entre otras cosas, la importancia del viaje que hizo entonces Juan Pablo II a Turquía, un “viaje hacia la unidad”, que el Papa Francisco prosigue actualmente con tenacidad y esperanza.

“El ecumenismo ha realizado ya progresos en la unidad de los corazones, de la cual surge luego la de las mentes. Dado que evangelizar es un deber de todos los bautizados, al lado y en concordancia con los encuentros ecuménicos de sacerdotes, pastores y teólogos, se desarrolla un ecumenismo sencillo, del pueblo, en el que se busca lo que une y se excluye lo que divide. Oramos juntos, conversamos, cantamos; y así poco a poco, va desapareciendo -sobre todo entre los jóvenes- la aversión y la separación moral, social y étnica, y en su lugar va entrando la amistad, que es una forma del amor. Amamos, todos juntos, al Dios Amor. Padre de todos”.

Igino Giordani, Siete días para la unidad, «Città Nuova», n.23 del 10.12.1978.

“También este año se dilata el horizonte de la unidad: ‘el pleno goce de la libertad y del amor’[1], como escribe Juan Pablo II en la Exhortación apostólica “Catechesi tradendae” y exige ‘un crecimiento continuo de la solidaridad, es decir, del amor comunitario’. Es evidente la importancia de estas observaciones que traducen, para las exigencias de nuestro tiempo (refugiados, hambre, guerras, opresiones, persecuciones), el testamento de Jesús: ‘que todos sean uno’. Juan Pablo II espera una solidaridad particular con las Iglesias de rito oriental, y con ‘todos los hombres, sin importar su confesión o sus convicciones’.

Juan Pablo II transforma estos conceptos y estos ideales en obras apostólicas orientadas a despertar la conciencia de la unidad de la Iglesia en las almas de nuestro tiempo, dentro y fuera de la comunidad de los católicos. “El viaje hacia la unidad”, como fue definido el peregrinaje del Papa en Turquía, retoma y prolonga el diálogo de Pablo VI y Atenágoras, dos promotores geniales del ecumenismo.

Muchos cristianos, de éste y del otro lado del Océano, sufren con impaciencia porque todavía no se pone por obra aquella unidad que responde a las 57-2-1-22convicciones de ambos, y que no espanta a nadie más que a los terroristas, deseosos de la dispersión de la sociedad humana. El viaje es importante también para nuestra relación con el Islam, y por ende, con la gran comunidad de musulmanes que veneran y adoran al único y verdadero Dios. Es evidente la grandeza y el significado de tal evento, que lleva al Papa desde el Vaticano para participar en la celebración de la fiesta de San Andrés en el Fanar de Estambul: signo de la continuidad de las relaciones entre las dos jerarquías y las respectivas Iglesias, y de la creciente intensificación de tales relaciones.

Si todos coadyuvamos con la oración al éxito de las iniciativas de unidad tendientes a imprimir un sello de convergencia hacia la unidad plena de todos los puntos que están en discusión, se pondrá fin al “escándalo de la división” -como lo llama el Papa Juan Pablo II- y se dará un gran impulso al ideal de unidad universal entre los pueblos, cultivado por los millones de víctimas de la guerra”.

Igino Giordani, El viaje hacia la Unidad, «Città Nuova», n.23 del 10.12.1979.

[1] Juan Pablo II, Exhortación apostólica “Catechesi tradendae”, 16.10.197


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