Escritos de Igino Giordani

galassieEl planeta no es un fragmento del universo, que va adelante por su propia cuenta: se mueve según una ley de gravedad natural y, además, según una ley de gravedad sobrenatural puesto que sigue la voluntad de Dios, que reina tanto en la tierra como en el cielo. Es, de por sí, uno de los millones de corpúsculos incrustados en el espacio sideral que, engranado en la armonía de la creación, constituye el centro de una historia sagrada de alcance infinito, a la cual acuden fuerzas naturales y sobrenaturales: la materia y el hombre, Satanás y Dios… La ciencia moderna exige la Mística: vuelve a proponer la relación hombre-Dios, materia-espíritu, tiempo-eternidad, para responder a esta sed de vida verdadera.

Igino Giordani, Las dos ciudades, Città Nuova, Roma 1961, p.12

En un minúsculo planeta, ínfima porción de una de las innumerables galaxias, el hombre fue creado e insertado entre Dios y el Cosmos, entre espíritu y materia, con el fin de distribuir lo sagrado –lo divino- en la naturaleza. En otras palabras, el hombre fue creado para una función sacerdotal de distribución de la vida de Dios en la naturaleza, de la cual recibió el cuerpo. “Sí, auténtico templo de Cristo es el alma del creyente”, decía San Jerónimo: y como tal, el creyente debe abrir también el mundo al templo de Dios.

Igino Giordani, Laicado y sacerdocio, Città Nuova, Roma 1964, p. 43

La existencia, con todas las relaciones humanas, así como con la ciencia y el arte, la economía, la ascesis y la mística, constituye toda ella un retorno a Dios: casi como un canto coral, vasto, múltiple, con sonidos y quejas, risas y lamentos de alabanza al Altísimo, al potente y buen Señor: alabanza de la cual participa el sol irradiando su luz; la luna y las estrellas, iluminando; el viento y el aire, alimentando; el agua saciando la sed; el fuego consumiendo; la tierra sustentando; los hombres perdonando y sufriendo y la muerte misma, abriendo el camino a la justicia divina. Y Francisco, escribiendo poesía, sirviendo, sufriendo, cantando: en resumen, el universo creado participa del amor, amando.

 

Igino Giordani, El patrono de Italia - San Francisco. Pontificia Opera Preservazione Fede, Roma 1955, p. 73.

Dios es fuente de alegría, y lo es también la naturaleza. Así como Jesús, San Francisco deja a los hombres –cuando la caridad se lo permite- y busca la soledad paraenciclica encontrarse directamente con Dios.

No ve los montes, la selva y los cielos abiertos como piezas de interés estético: para él, esta belleza está inmersa en la fantasía de Quien la inventó y colma de Dios el universo, sin caer en el panteísmo. Así le da a la naturaleza su valor, volviendo a darle el elemento divino por los méritos de la encarnación, que es el milagro de la naturaleza divina unida a la naturaleza humana: la reintegra.

Gracias a este sentido de Dios y de la naturaleza, el arte fue reanimado por el Movimiento Franciscano, que lo arrancó de los esquemas bizantinos y lo conjugó de nuevo con la naturaleza, tan amada y, por ende, asumida por Francisco. Y él bebía su alegría del sol, de las estrellas, de los pájaros y los cuadrúpedos; de las ciudades y de los campos, pues la naturaleza le servía de sacramento y  ofrenda a Dios.

Igino Giordani, El patrono de Italia – San Francisco, cit., pp. 90-91.

 

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