Igino Giordani Foco scuro

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La santidad nos hace familia

ceramica2Luz de un encuentro: Igino Giordani y Giulio Liverani

El padre Giancarlo Moretti -quien estuvo vinculado al sacerdote Giulio Liverani por una gran amistad, no sólo por la afinidad natural que les daba el pertenecer a la misma tierra, la Romagna, sino sobre todo porque un mismo ideal los había hecho hermanos-, nos presenta una de las artesanías en cerámica elaboradas por el padre Giulio.

Estamos en la Parroquia de Vallo Torinese, un pueblo en las faldas de las colinas al norte de Turín, donde confluyen los valles de Lanzo. Entre los años 80 y 90 del siglo que acaba de concluir, el padre Giulio Liverani desarrolló un intenso trabajo de producción artesanal en cerámica, que embelleció de manera espléndida el lugar de la asamblea litúrgica de aquella comunidad. En la última capilla vemos una gran obra que lleva por nombre “Los Santos caminan con nosotros”.
Se destaca, en la parte inferior derecha, la figura clara y cautivante de un anciano seguido por dos jóvenes. La figura nos remite sin lugar a dudas a Igino Giordani.

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¡Hola Bruno!

Bruno Venturini, uno de los compañeros de Chiara de la “primera hora”, partió ayer para el Cielo.

brunoRecordamos su riquísima figura a través de dos breves mensajes suyos dirigidos a Igino Giordani, que hablan de la profunda amistad y la estima recíproca que había entre estos dos “grandes”.

22 de septiembre

Queridísimo Foco:
Quiero agradecerte por el saludo que nos diste el domingo pasado: en pocas palabras, nos diste todo un “fuego”, una realidad de familia como tú sabes hacer.
También quiero felicitarte por tu cumpleaños, en mi nombre y en el de todos los focolarinos de Lombardía… ¿Cuál es nuestro augurio para ti? Aquí pido a la Virgen, que conoce bien tu designio entre nosotros, que te ayude a realizarlo como ella quiere.

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El décimo-cuarto libro de retratos de Santos

01 06En sus libros, Antonio María Sicari presenta figuras completas; ni estilizadas ni exánimes… sino llenas de vida y de pasión humana y cristiana, de deseo sobrenatural, así como de hambre y sed de justicia, de amor de Dios y de solidaridad hacia cada hermano que, aun cuando tenga el rostro desfigurado, es aquél por quien murió Cristo.

Los santos de Sicari no son sólo recuentos biográficos, o quizás reconstrucciones de una época o de un pensamiento, sino explicaciones del Evangelio; re-proposiciones del anuncio a través del testimonio de discípulos que hicieron lo posible por adaptar su vida al Evangelio de Cristo. Los retratos antiguos, medievales, modernos y contemporáneos son, por lo tanto, variados azulejos del mosaico del único rostro de Cristo, explicaciones vivas del Evangelio que la Iglesia, que es comunión de los santos, está llamada a vivir en todo tiempo (extracto del catálogo de Jaka Book).

En el décimo-cuarto libro de los retratos de santos encontramos a Igino Giordani, Siervo de Dios, entre aquellos santos a los cuales “Dios pide recorrer un camino que toque muchos puntos nodales de la historia humana y cristiana del tiempo en el que viven”.

Del álbum de recuerdos de Bonizza

El 18 de abril se conmemora el aniversario de la “partida al Cielo” de Igino Giordani. Lo recordamos con algunos extractos de un artículo de Gino Lubich, publicado en Città Nuova, número 9-10 de mayo de 1980.

57 1 3 06El recuerdo más lejano, pero clarísimo, que tengo de papá son los paseos. Papá era un gran caminante y nosotros, desde pequeños, hacíamos largos paseos con él. Estoy hablando del primer período de posguerra -dice Bonizza-. Vivíamos en la vía Monte Zebio y caminábamos a lo largo del Río Tevere, todos los días. Papá era súper divertido: caminaba siempre con las manos agarradas detrás de la espalda, con la cabeza en alto y la cara al viento, expuesto a chocarse con alguien…”.

Bonizza era la menor de los cuatro hijos de Igino Giordani, y la única mujer, con una salud un poco frágil en aquel entonces.

“Entre mis hermanos -Mario, Sergio y Brando- y yo había una gran diferencia de edad, por lo que puedo decir que mi infancia fue toda mía, así como la relación con papá. Especial. Yo era su predilecta. Viví siempre muy apegada a él. Cuando trabajaba en su estudio por las tardes, en casa, yo me sentaba sobre sus piernas y dibujaba; mis hermanos hacían un ruido increíble; en la otra habitación estaba mi mamá, haciendo sus prácticas de canto; y mientras tanto él, tranquilo, escribía y escribía, una hoja tras otra, sin decir nunca nada. Todo junto: el ruido de la casa, acompañado del ritmo del eterno solfeo de mi mamá, le agradaban mucho”. 57 1 3 03

No solo en la casa; Giordani lograba trabajar en las condiciones más absurdas. En el tren, apenas se sentaba, escribía. Si cuando iba por la calle o en cualquier circunstancia, incluso en un almuerzo de trabajo, se le ocurría una idea, de inmediato la apuntaba sobre un pedazo de papel, o sobre la servilleta, o en el margen del periódico, totalmente ajeno a lo que ocurría a su alrededor en ese momento. Luego, con aquellos fragmentos no siempre recuperados -después de buscar en todos los bolsillos-, reconstruía lúcidamente el hilo conductor de un artículo o del capítulo de un libro. “Eh, sí -sonríe Bonizza-, lo que para el Vaticano o para la Cámara Legislativa era un bibliotecario ordenadísimo, para mí era un simpatiquísimo desordenado”.
Había un secreto entre ellos dos. Se llamaba Catalina. Era un personaje imaginario, la ‘pequeña hermana fantasma’ de Bonizza, que entraba en acción cada vez que aparecía una amenaza contra la perfecta relación entre papá e hijita. “¡Catalina, Catalina! -la llamaba Giordani-. ¡Ven que Bonizza me está inquietando!”. O si Bonizza no hacía lo que debía hacer, le decía: “no importa, llamo a Catalina”. Bonizza sabía muy bien que Catalina era una fantasía y que se trataba de un juego; sin embargo, le producía celos, era su oponente, y se convirtió a la larga en su conciencia crítica.

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La revolución del perdón

stra panoramaEntrevistamos a Filippo Pierazzo, uno de los organizadores de la interesante manifestación llevada a cabo en Stra (Veneto) el pasado 7 de noviembre, y de la cual hablamos en este sitio hace algunos días. Como ya habíamos dicho, el principio inspirador del proyecto es la recuperación de la memoria histórica, con el fin de promover entre las nuevas generaciones una cultura de paz.

¿Cómo nació el evento y quién lo promovió?            

Filippo: el año pasado, a raíz  de la conmemoración de los Caídos y del centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, pude notar, en un debate vía e-mail, cierta indiferencia en la organización de las celebraciones por parte de las personas cercanas a la Alcaldía de Stra –Ciudad Metropolitana de Venecia, donde vivo.

Todos se lamentaban por el número cada vez más reducido de participantes en estas celebraciones, por motivos familiares, por los discursos ya gastados y por el lenguaje que hiere la sensibilidad de quienes se sienten pacifistas. Por esto propuse poner de lado las reiteraciones para presentar una figura como la de Igino Giordani, medalla de plata al valor militar, padre entregado, parlamentario y signatario de la primera propuesta de ley para la objeción de conciencia.

Me parecía que se trataba de una figura que podía reunir en torno a sí sensibilidades muy diversas, y conectar por lo tanto el recuerdo de la guerra y su sufrimiento con el anhelo de paz.

Al Alcalde le pareció interesante y me invitó a ir adelante, proponiéndome que invitara a otra persona a hablar del mismo tema al año siguiente.

Hablando con otros que comparten los mismos ideales que yo, surgió la idea de tomar contacto con el Centro Igino Giordani y tratar de involucrar las escuelas medias de la localidad.

El evento, por lo tanto, fue promovido por la Administración Comunal de Stra, con el aporte de algunos ciudadanos.

 

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