El 13 de mayo es una fecha importante en la historia de Chiara Lubich y del Movimiento de los Focolares. Dejemos que sea Giordani quien nos cuente lo que sucedió aquel día de 1944…13 05

El 13 de mayo se desencadenó sobre Trento el segundo gran bombardeo. Entre muchas otras, la casa que estaba al lado de la habitación de Chiara quedó destruida. Como consecuencia, las paredes y los vidrios de su habitación se hicieron pedazos. Quedaron inhabitables las casas de Dori, Natalia y otras amigas de Chiara. El hospital -en el que trabajaba el hermano de Chiara como asistente médico- resultó en gran parte destruido y se llenó de muertos y heridos.
Ese mismo día, ella se encontró con Dori y se dieron un abrazo: ambas se habían quedado sin casa. Fue al hospital y contempló el desastre. En ese momento Gino -su hermano- le dijo: “vanidad de vanidades; todo pasa”.
Por la noche tuvo que dormir a la intemperie, en el jardín de “Gocciadoro” (gota de oro) con sus padres, que pasaron aquellas horas pensando en la manera de escapar. Chiara recordó entonces que, en el momento de hacer sus votos de castidad, le había prometido al padre espiritual no abandonar la ciudad de Trento: sintió, pues, el sufrimiento de pensar en la inminente separación de los suyos. Y lloró sin consuelo. Los padres, sin saber nada, trataban de consolarla. Se sintió mejor al recordar la frase: ¡Todo lo vence el amor! Y rezando, con los ojos puestos en las estrellas, vio pasar las constelaciones. Poco antes del alba, cuando los padres fueron obligados a desalojar el lugar, tomando y juntando las pocas cosas que podían Piazza santa Maria maggioresalvarse de la casa, Chiara le dijo a su papá que no podía ir con ellos por la promesa que había hecho: se arrodilló delante de él y lo miró con los ojos bañados en llanto. El padre la bendijo, no obstante su angustia. Chiara repitió este gesto con su mamá que, en cambio, opuso resistencia.
Al final los papás, con las maletas en la espalda, se dirigieron al campo: ella, sin nada en la mano y con el alma atormentada, se encaminó hacia la ciudad destruida. Poco después se encontró con una señora. Parecía haber enloquecido de dolor y le dijo: “¡Se me murieron cuatro!”. Chiara la consoló y pensó que debía olvidar su propio dolor para pensar en el de toda la humanidad.

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