tappa 96Porque es amor, Dios es tres personas distintas: él generó una persona digna y capaz de su amor, que es infinito: generó un Hijo, y lo vinculó a Sí mismo a través de una tercera persona, que es el Espíritu Santo. Si Dios fuera exclusivamente Fuerza, Honor y Temor, habría permanecido como una sola persona; no habría generado un Hijo ni suscitado la creación. Si estuviera encerrado en sí mismo, no habría podido abrirse. Pero el amor cristiano es trinitario: es un círculo que une tres puntos: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Yo – Hermano – Dios. Padre – Madre – Hijo.

Incluso el progreso social – escribió Aldous Huxley- es un progreso en el amor. Es decir, un progreso hacia Dios; un ascenso de la tierra al cielo, un esfuerzo por darle un alma divina a la sociedad, haciendo a sus miembros partícipes de la naturaleza divina. Mientras más amamos, más progresamos y la vida crece, liberándonos de los vínculos con la muerte.
Todo el mandamiento “nuevo” está contenido aquí. Muy sencillo, aunque también muy difícil de cumplir.
Este amor actúa como un fuego que purga el alma de todos los escombros que la obstruyen, y libera en ella la divinidad, a fin de que se eleve como una antena para poder captar, en todo el universo, la presencia de Dios. Cuanto más buscamos la santidad, mayor es nuestra capacidad para acoger al Espíritu Santo y transmitirlo a los demás hombres.
El egoísmo atrae todo para sí; el amor dona todo de sí. Pareciera una alienación y, en cambio, se trata de una liberación.
Si yo debo amar al hermano como a mí mismo, debo ser Cristo para él. Es decir, no es solamente que el hermano sea Cristo para mí, sino que yo también debo ser Cristo para él.
Jesús, después de haber reducido los seiscientos catorce preceptos del judaísmo a dos: 1) Ama a Dios. 2) Ama al próximo, en la última noche de su vida entre los hombres, redujo esos dos mandatos a uno solo, siguiendo la sencillez y la unidad de Dios. Dijo así: “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen recíprocamente. Ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn. 13, 349).
Sencillo: amar al estilo de la divinidad.

Igino Giordani, El hermano. Ed. Ciudad Nueva, Roma 2011, págs. 34, 49-50, 82

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