Una gran alegría

pastori“No teman: les anuncio una gran Alegría para todo el pueblo. ¡Hoy, en la ciudad de David les ha nacido un salvador, que es Cristo el Señor!”.

Para mostrar su regocijo ante tal evento, aparece junto al mensajero celestial una hilera interminable de ángeles, cuya luz radiante llegaba hasta los confines del cielo, horizonte encendido sobre la tierra oscura gracias a la aurora triunfal; y de la boca de los ángeles brotó un cántico que invadió el desierto de alegría, y el corazón de los pastores de una felicidad ante la cual se diluyeron los sufrimientos de todos los siglos de búsqueda.

“¡Gloria a Dios en lo alto del cielo! ¡Y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!”

Igino Giordani, Jesús de Nazaret, SEI, Turín 1943, págs. 58-59

Pastores

Las voces y los rostros se sumergieron, temblando, en el fondo de la noche que se cerraba ante el estupor de aquella pobre gente. Recuperados de tal estupor, los pastores se dijeron de inmediato que era necesario salir a buscar al niño; y dejando sus rebaños, se dispersaron por la costa hacia Belén, hasta encontrar en la gruta a María y a José, que a la luz de una vela contemplaban al niño envuelto en pañales y acostado en el pesebre: una escena que no perturbaba su espíritu sencillo, y por la cual debieron sentirse de inmediato en casa, hospedados por el Mesías. Y así lo contemplaron absortos, sintiéndose bendecidos con aquella visita.

Igino Giordani, Jesús de Nazaret, SEI, Turín 1943, págs. 59-60

El anciano Simeón

Después de haber contemplado al niño en éxtasis, Simeón se acercó a María y le preguntó si podía tenerlo un momento en los brazos; mientras bendecía al Señor, instintivamente irrumpía en un canto de saludo y alabanza: “Ahora, oh Señor, deja a tu siervo irse en paz según tu palabra, porque mis ojos han contemplado la salvación preparada por ti para todos los pueblos; luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”. María y José, inocentes intermediarios entre lo antiguo y lo nuevo, ante aquellas palabras de alabanza quedaron perplejos y, al devolverle la creatura a la joven madre, Simeón se sintió aún movido por el espíritu profético y no pudo frenar el impulso de las palabras reservadas para María: “Este niño está puesto para el levantamiento de unos y la ruina de otros. Y a ti, una espada te atravesará el alma”. Si por unsimeone momento levantó los ojos María, los puso seguramente sobre la colina del Gólgota”.

Igino Giordani, Jesús de Nazaret, SEI, Turín 1943, págs. 59-60

Los Magos

¿Salieron juntos o se encontraron en el camino? No se sabe. Se sabe que estaban juntos al llegar a Judea, y que formaban una sola caravana con los servidores y las bestias; todos cubiertos de vistosos colores. Estaban juntos y radiantes; se apearon al llegar. Y a primera hora de la mañana, una jovencita sale del establo para recoger agua; le preguntan por el niño. Ella, que era la madre, conmovida, los hace entrar. En una cuna yacía el pequeño rey del mundo, que los miró con ojos sonrientes. 

El sacerdote y poeta Giovenco, en un verso de gran belleza -a juicio de San Jerónimo- recoge el significado de aquellos regalos: “incienso, oro, mirra donados al rey, al hombre, a Dios. El rostro de María, iluminado con una sonrisa de felicidad por el homenaje que ofrecían a su creatura, se volvió sombrío a la vista de la mirra, que ella no podía asociar entonces a los presagios seguros que atravesarían toda su maternidad”.

Igino Giordani, , cit., págs. 72-75-76

 

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