De viaje con Foco

GP3Gennaro Piccolo nos acompaña en un viajo al alma de Igino Giordani,
a través de la selección de algunas perlas espirituales
extraídas de sus meditaciones más profundas.





97. Tras las huellas de Jesús

Los lugares del Evangeliotappa 97

Conocer los lugares del Evangelio es una manera de volver a acercarse al Evangelizador, y comprender con más claridad las alusiones de sus discursos, así como el ambiente geográfico e histórico en el cual se desenvuelve su historia. Como lo reconoció Monseñor Piero Rossano, al comentar el libro de Wolfang E. Pax Por donde Él pasó, “el lector tiene la oportunidad de sentirse contemporáneo con Jesús, y de seguir paso a paso su vida terrena”.
Uno vuelve a ver -y comprende mejor- a Jerusalén, la ciudad de David, centro perpetuo de paz y de guerra, con los callejones y vericuetos en los que pululan las multitudes, como cuando Jesús se mezclaba con el pueblo para liberarlo. Cuevas, ruinas, edificios nuevos, templos cristianos, paredes antiguas… todo sirve para hacer revivir la misión del Mesías en el tiempo de hoy.
Por todas partes, los signos de la destrucción bélica y de la agotadora reconstrucción, muchos de los cuales fueron dejados por gente que venía de lejos (pensemos en las cruzadas), en su gran cantidad y variedad, evocan una vez más la existencia del Salvador en los aspectos externos de ciudades y campos, y hacen que Él realmente vuelva a aparecer, no sólo en la escena del Calvario, sino en la historia vivida a través de los siglos, durante los cuales se ha confirmado aquel “signo de contradicción”.

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96. Yo, el hermano, Dios

tappa 96Porque es amor, Dios es tres personas distintas: él generó una persona digna y capaz de su amor, que es infinito: generó un Hijo, y lo vinculó a Sí mismo a través de una tercera persona, que es el Espíritu Santo. Si Dios fuera exclusivamente Fuerza, Honor y Temor, habría permanecido como una sola persona; no habría generado un Hijo ni suscitado la creación. Si estuviera encerrado en sí mismo, no habría podido abrirse. Pero el amor cristiano es trinitario: es un círculo que une tres puntos: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Yo – Hermano – Dios. Padre – Madre – Hijo.

Incluso el progreso social – escribió Aldous Huxley- es un progreso en el amor. Es decir, un progreso hacia Dios; un ascenso de la tierra al cielo, un esfuerzo por darle un alma divina a la sociedad, haciendo a sus miembros partícipes de la naturaleza divina. Mientras más amamos, más progresamos y la vida crece, liberándonos de los vínculos con la muerte.
Todo el mandamiento “nuevo” está contenido aquí. Muy sencillo, aunque también muy difícil de cumplir.
Este amor actúa como un fuego que purga el alma de todos los escombros que la obstruyen, y libera en ella la divinidad, a fin de que se eleve como una antena para poder captar, en todo el universo, la presencia de Dios. Cuanto más buscamos la santidad, mayor es nuestra capacidad para acoger al Espíritu Santo y transmitirlo a los demás hombres.

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94. El deber ser de Europa

tappa 94El deber ser de Europa

La unidad de Europa es otra etapa en el camino hacia la unidad del mundo; un avance y un logro, bajo la presión de los pueblos, del derecho natural, de la revelación cristiana, de fuerzas morales y espirituales, a las cuales se suma la presión económica y política, científica y tecnológica que gravita hacia la unificación: fin último de la razón y de la moral: de la vida en el tiempo y en la eternidad.
Para Clemente Alejandrino -heredero de la sabiduría helénica- la unidad es el bien y genera la vida; la división es el mal y, por ende, genera la muerte. La civilización crece tanto en cuanto unifica las almas.
Para Huxley, el verdadero progreso de una civilización equivale a su progreso en la caridad. La caridad es el sentimiento que induce a hacer, de todos, uno solo: no por casualidad es el alma de Cristo, cuyo testamento concluye con esta máxima: “que todos sean uno”. La caridad conduce a la integración, a la comunión, a la solidaridad, también en la política y en la economía. Y justamente aquí -al hablar de las fuerzas esenciales que priman en el camino hacia la integración europea- no queremos resaltar las fuerzas espirituales, sino sobre todo los aspectos político, económico y social.

Igino Giordani, “Fides”, mayo de 1961, pág. 130

Europa y el cristianismo

El continente europeo está cargado de rencores, como en un depósito de explosivos: se mantienen vivos a base de filosofías y falsos patriotismos, mitologías e intereses egoístas. Para no explotar, Europa necesita eliminar todo este material inflamable: le urge una reconciliación universal que la libere del pasado y la purifique hacia el futuro.
¿Quién puede hacer realidad “este ministerio de la reconciliación”? El cristianismo: esa reserva de santidad que todavía custodia y comunica a otros continentes. El cristianismo contiene en sí mismo la unificación en la paz y en la libertad; suprime las guerras y todos los motivos de conflicto.

Igino Giordani, “Fides”, mayo de 1961, pág. 131

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93. Reflejar el Cielo

El momento presente

Con la certeza de que la Providencia vela por nosotros y que el Padre, así como alimenta los pájaros del cielo y los lirios del campo, también nutre a las creaturas racionales -liberándonos del agobio de un porvenir incierto, que contappa 93 frecuencia se ve como un abismo lleno de insidias-, Jesús alivia el espíritu de una de las penas más tormentosas, aquella por la cual la vida se convierte en agonía: en no vivir; de esa magnitud es el dolor de nuestro corazón cuando nos proyectamos hacia el futuro. A cada día le basta su propio afán: y a cada día le basta el pan cotidiano. La vida que podemos vivir es la del momento presente: ¿quién tiene la garantía del mañana? Por tanto, no vale la pena angustiarse por un porvenir que no conocemos y que, quizás, no nos pertenecerá. Pensar así nos facilita y simplifica la existencia.

Igino Giordani, El mensaje social de Jesús. Ciudad Nueva, Roma, 1966, pág. 302.

Los amigos de Jesús

Los amigos de Jesús son mendigos, pecadores, campesinos, enfermos, pescadores, mujeres atribuladas, niños; también fariseos y ricos doctores de buena voluntad; en resumen, todo el pueblo con sus distintas clases sociales. Cuando Él pasa, siempre hay a su alrededor una multitud que lo sigue y lo apoya; lo invoca y lo aclama, y también lo protege de los delatores y sicarios, ministros de los explotadores del pueblo. Una multitud que expresa, por boca de una campesina, su grata admiración con gentil ternura: “¡bendito el seno que te llevó!” Bendito el seno de María, una joven del pueblo, esposa de un “faber lignarius” [un carpintero].

Igino Giordani, El mensaje social de Jesús, cit., pág. 326.

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92. Truncar todas las guerras – anhelar la paz

tappa 92Las guerras

Todas las guerras son una violación a la voluntad de Dios, que nos hizo hermanos y nos puso a vivir en la paz, según una ley de amor. Combatir a los hermanos con las armas significa convertirnos en homicidas. Y el homicidio es obra de Satanás, llamado -de hecho- el Homicida, porque se propone destruir en el hombre la obra maestra del Creador. Y, como todo mal hecho al hermano es hecho indirectamente a Cristo, el homicidio no es otra cosa que un deicidio en imagen: en la imagen de un hombre. Una repetición de la crucifixión en la persona de los redimidos; y las guerras se convierten, por lo general -de parte de quienes la provocan por el hambre de conquista o de soberbia- en un ataque forzoso contra el orden divino: una rebelión contra el Creador.

Igino Giordani, El Patrono de Italia – San Francisco hoy, Pontificia Obra para la conservación de la Fe, Roma 1955, pág. 160

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91. Desde aquel primer encuentro, de septiembre en septiembre

17 de septiembre de 1948

Esta mañana, en Montecitorio, vino a encontrarme un grupo de ángeles: un capuchino, un fraile menor, uno conventual, un terciario y una jovencita, Silvia Lubigtappa 91 (¡sic!), quien está iniciando un movimiento comunitario en Trento, y me habló como habla un alma inspirada por el Espíritu Santo.

2 de septiembre de 1949, Trento

Hoy, en la Iglesia carmelita de los Lastos, me doné por completo al Señor con la fórmula que me dio Chiara Lubich: “Jesús, quiero ser tuyo: tuyo como entiendes Tú: haz de mí todo lo que quieras”.

26 de septiembre de 1954

Que Dios me arranque de mi propio hombre viejo, de estos escombros que quedan después de un diluvio de pecados: que merezca el odio y el olvido si no lo veo sólo a Él; si no veo en mis hermanos su imagen; y en la naturaleza, su proyección.

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