De viaje con Foco

GP3Gennaro Piccolo nos acompaña en un viajo al alma de Igino Giordani,
a través de la selección de algunas perlas espirituales
extraídas de sus meditaciones más profundas.





84. La revolución cristiana

tappa 84La mujer

En la sociedad cristiana la mujer tiene los mismos derechos que el hombre, porque ella constituye un alma y las almas no tienen sexo ni se dividen en castas. Sin embargo, ella entra en la sociedad con su naturaleza femenina y sólo de ella se esperan ciertas tareas acordes con tal naturaleza. Por ende, existe una diferencia natural pero una igualdad sobrenatural. En el ciclo de la Redención, después de Cristo, la más alta creatura humana llevada hasta los confines de la divinidad es una mujer: María, en quien la humanidad ha dado la colaboración más grande a la obra de Dios.

Igino Giordani, El mensaje social de Jesús. Ciudad Nueva, Roma (1934) 1966, págs. 214-215.

Jesús y la mujer

Jesús es, aun en su extrema reserva, siempre benigno con las mujeres, incluso con aquellas poseídas por el demonio y las adúlteras. No experimenta la repulsión de los fariseos que despreciaban, en un impulso de odio, a las mujeres de los israelitas no fariseos; ni tiene las reservas de los mismos discípulos (“ellos quedaban estupefactos al verlo hablar con una mujer” Juan 4, 27). Nunca usa palabras ásperas con ninguna mujer, mientras se enfrenta tantas veces a hombres que presumían de ser maestros y patrones; no conoce distancias de castas o diferencias sociales, y por eso atiende a una cananea; ve las almas y quiere elevarlas. Las pecadoras se le acercan y se redimen, y entran en el elenco de los santos.
A una pecadora, la samaritana, que era una concubina, le da la primera revelación de la espiritualidad de su reino y, luego de haberle pedido de beber, la lleva a los conceptos más altos de la vida del espíritu. A otras mujeres las cura -incluso en sábado- y les concede varios beneficios.
Resucitó a la hija de Jairo con aquel grito afectuoso: “Talita qumi”; a la pobre hemorroísa la llamó “hijita”; contrapone el ejemplo de la humilde viuda al dinero de los “muy ricos” que habían dejado grandes ofrendas en la entrada del Templo.
Ve siempre en la mujer un alma inmortal, digna de enorme reverencia.

Igino Giordani, El mensaje social de Jesús, cit., pág. 215.

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83. María

MariaModelloPerfettoCuando el silencio te circunde, como la cerca alambrada de un campo de concentración, y te aíslen la ingratitud y el abandono de los hermanos, piensa en María: y surgirá una poesía como el sol resplandeciente en el horizonte de tu fantasía; y con Ella vendrán las gracias del Señor, en un diálogo cada vez más abierto y lleno de confianza.
Nadie como María puede comprender la soledad, ni puede participar del dolor. Ella se hace presente, asume nuestra prueba y la virginiza: nos trae la armonía del paraíso y rapta nuestra alma hacia la contemplación de los santos.
Entonces, la desolación se abre desde la tierra a la contemplación del cielo, y la soledad se convierte en comunión.

(Igino Giordani, María modelo perfecto, Ciudad Nueva, Roma (1967), 2012, p. 145.)

Sobre todo, las creaturas más humildes, más ignorantes, más despreciadas en la convivencia con los otros, se santifican escondiendo, en el fondo de su alma atribulada, la imagen de María: Ella es su reserva, su refugio. Quizás por esta razón sucede que uno descubre, también en el corazón del ateo, o en el rostro deshecho del criminal, una imagen de María.
Y tal vez sobre todo por esto, también los no cristianos de Asia y África se llenan de alegría cuando logran tener una imagen suya. Sólo Ella asiste en la agonía del cuerpo y del espíritu. No por casualidad la Iglesia concluyó la oración del Ave María con la oración en la cual nosotros, pecadores, le pedíamos sus oraciones ahora y en la hora de nuestra muerte. Justo por eso: para no morir.

(Igino Giordani, María modelo perfecto, Ciudad Nueva, Roma, cit., pp. 147-148.)

 

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82. Por el camino de Emaús

Al partir el pan

tappa 82Y así, mientras dialogaban, llegaron al poblado ya envuelto en las primeras sombras, cada vez más extendidas. Al llegar a la casa los dos discípulos se detuvieron; el otro hizo ademán de continuar. Pero aquéllos lo “obligaron”, siguiendo las normas de la hospitalidad, severas y a la vez dulces por las enseñanzas de Jesús, y más ahora por las explicaciones del forastero; éste entró a la casa con ellos y se sentó a la mesa para cenar. Una vez servida la comida, tomó el pan, lo bendijo y lo repartió a los dos. Ante ese gesto, puede decirse que unas escamas se les cayeron de las pupilas; se les abrió la vista y lo reconocieron: ¡Jesús! Estupefactos, se levantaron y fueron hacia él, pero desapareció. En ese momento, a los discípulos los invadió una paz infinita y experimentaron una alegría nueva; y comprendieron.
¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las escrituras? (Lucas 24, 13-32).
Un signo de la cercanía de Jesús para los discípulos es, pues, el corazón que arde. ¿Cómo permanecer en medio de la llama sin quemarnos?

(Igino Giordani, Jesús de Nazareth, Ed. SEI, Turín, 1950, págs. 382-383).

La pesca milagrosa

Por la noche van a pescar los de Cafarnaúm. El amor que tienen todos por el Mesías los acomuna, incluso en el trabajo. Subidos en la barca, vagan sobre las ondas hundiendo las redes en el agua, donde la claridad de las estrellas refleja como un polvillo de plata. La brisa arrulla la embarcación; y el pensamiento del Maestro arrulla los espíritus. De vez en cuando tiran las redes, pero sin resultado. Y toda la noche se dedican al trabajo infructuosamente. Están cansados.

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74. El viaje hacia la unidad

Semana de oración por la unidad de los cristianos 2016.

48-2-4-02Extractos de dos artículos de Giordani, escritos con ocasión de la Semana por la unidad y publicados en la revista Ciudad Nueva el 10 de diciembre de 1978 y el 10 de diciembre de 1979 respectivamente, que nos hacen intuir su visión profética del ecumenismo. Giordani subraya, entre otras cosas, la importancia del viaje que hizo entonces Juan Pablo II a Turquía, un “viaje hacia la unidad”, que el Papa Francisco prosigue actualmente con tenacidad y esperanza.

“El ecumenismo ha realizado ya progresos en la unidad de los corazones, de la cual surge luego la de las mentes. Dado que evangelizar es un deber de todos los bautizados, al lado y en concordancia con los encuentros ecuménicos de sacerdotes, pastores y teólogos, se desarrolla un ecumenismo sencillo, del pueblo, en el que se busca lo que une y se excluye lo que divide. Oramos juntos, conversamos, cantamos; y así poco a poco, va desapareciendo -sobre todo entre los jóvenes- la aversión y la separación moral, social y étnica, y en su lugar va entrando la amistad, que es una forma del amor. Amamos, todos juntos, al Dios Amor. Padre de todos”.

Igino Giordani, Siete días para la unidad, «Città Nuova», n.23 del 10.12.1978.

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72. Voces y rostros de Navidad

Una gran alegría

pastori“No teman: les anuncio una gran Alegría para todo el pueblo. ¡Hoy, en la ciudad de David les ha nacido un salvador, que es Cristo el Señor!”.

Para mostrar su regocijo ante tal evento, aparece junto al mensajero celestial una hilera interminable de ángeles, cuya luz radiante llegaba hasta los confines del cielo, horizonte encendido sobre la tierra oscura gracias a la aurora triunfal; y de la boca de los ángeles brotó un cántico que invadió el desierto de alegría, y el corazón de los pastores de una felicidad ante la cual se diluyeron los sufrimientos de todos los siglos de búsqueda.

“¡Gloria a Dios en lo alto del cielo! ¡Y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!”

Igino Giordani, Jesús de Nazaret, SEI, Turín 1943, págs. 58-59

Pastores

Las voces y los rostros se sumergieron, temblando, en el fondo de la noche que se cerraba ante el estupor de aquella pobre gente. Recuperados de tal estupor, los pastores se dijeron de inmediato que era necesario salir a buscar al niño; y dejando sus rebaños, se dispersaron por la costa hacia Belén, hasta encontrar en la gruta a María y a José, que a la luz de una vela contemplaban al niño envuelto en pañales y acostado en el pesebre: una escena que no perturbaba su espíritu sencillo, y por la cual debieron sentirse de inmediato en casa, hospedados por el Mesías. Y así lo contemplaron absortos, sintiéndose bendecidos con aquella visita.

Igino Giordani, Jesús de Nazaret, SEI, Turín 1943, págs. 59-60

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71. Encíclica Laudato Si… gracias a Papa Francisco

Escritos de Igino Giordani

galassieEl planeta no es un fragmento del universo, que va adelante por su propia cuenta: se mueve según una ley de gravedad natural y, además, según una ley de gravedad sobrenatural puesto que sigue la voluntad de Dios, que reina tanto en la tierra como en el cielo. Es, de por sí, uno de los millones de corpúsculos incrustados en el espacio sideral que, engranado en la armonía de la creación, constituye el centro de una historia sagrada de alcance infinito, a la cual acuden fuerzas naturales y sobrenaturales: la materia y el hombre, Satanás y Dios… La ciencia moderna exige la Mística: vuelve a proponer la relación hombre-Dios, materia-espíritu, tiempo-eternidad, para responder a esta sed de vida verdadera.

Igino Giordani, Las dos ciudades, Città Nuova, Roma 1961, p.12

En un minúsculo planeta, ínfima porción de una de las innumerables galaxias, el hombre fue creado e insertado entre Dios y el Cosmos, entre espíritu y materia, con el fin de distribuir lo sagrado –lo divino- en la naturaleza. En otras palabras, el hombre fue creado para una función sacerdotal de distribución de la vida de Dios en la naturaleza, de la cual recibió el cuerpo. “Sí, auténtico templo de Cristo es el alma del creyente”, decía San Jerónimo: y como tal, el creyente debe abrir también el mundo al templo de Dios.

Igino Giordani, Laicado y sacerdocio, Città Nuova, Roma 1964, p. 43

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