Igino Giordani Foco scuro

16 marzo2«Cuando volvemos a dialogar con hombres del pasado, la primera pregunta que nos formulamos es: ¿por qué lo hacemos? Cada vida esconde un misterio y un dilema no resuelto, que no debería permitirnos jamás pronunciar la palabra “fin”, si no fuera por pura negligencia.
Es la experiencia cotidiana frente a quienes están cerca de nosotros; imagínense con cuánta ‘naturalidad’ nos olvidamos de los desconocidos que ahora forman parte de la historia». (Giovanni Santambrogio sobre Igino Giordani en el Corriere della Sera).
Pensamientos como éstos suscitan cierta conmoción en el alma de quien conoció a Igino Giordani y habló con él; de quien -al encontrarse a diario con sus escritos- percibe siempre en ellos su presencia viva; al punto de constatar, con fascinación, que realmente él, Igino Giordani, huye cada vez más “de la implacable ley del olvido”, así como otros compañeros suyos ‘de aventuras’: Don Luigi Sturzo, Alcide De Gasperi, Giorgio La Pira, Giuseppe Donati.
Puntualmente, la historia nos ofrece varias ‘citas’ para redescubrir las huellas que dejó Giordani en la vida de la Iglesia, de Italia, de la política…
Como aquella del 16 de marzo de 1949…

Intervención de Igino Giordani en la Asamblea Parlamentaria del 16 de marzo de 1949

En abril de 1949, doce países europeos suscribieron el Pacto del Atlántico Norte, un acuerdo para la defensa mutua, en caso de un ataque externo a cualquiera de los países firmantes. El principal motivo para firmarlo fue el temor de16 marzo1 una posible acción militar de la Unión Soviética en Europa. Las discusiones, por lo tanto, adquirieron naturalmente un fuerte carácter ideológico. También en Italia, el Parlamento fue escenario de ácidas confrontaciones políticas. Ofrecemos aquí algunos pensamientos de la célebre intervención que realizó Igino Giordani a propósito del Pacto del Atlántico Norte y de la guerra, en la que manifestó su concepción de una idea completamente nueva, como “la Internacional Europea” -digna de ser retomada y profundizada en nuestros días- que habría podido asumir la función de ser fuente de unidad.
“Yo parto de este principio: que todas las guerras son un fracaso de los cristianos… ustedes han escrito muy bien en las paredes del palacio Chigi: “no a la guerra”. Nosotros adherimos. También escribieron: “tierra, no guerra”. Estamos totalmente de acuerdo. Ya hay demasiada tierra destinada a ser cementerio de guerra: sería bueno usarla, en cambio, como terreno de cultivo para nuestros trabajadores.

Nuestra postura no deja dudas. Tenemos un mandamiento muy preciso que no permite tergiversaciones; este es: ¡no matar! Y la guerra es una matanza; no importa cuál. Yo los admiraría mucho más a ustedes si condenaran todas las guerras. Pero cuando aplaudieron la guerra en China, entonces yo dije: estamos muy mal… Para mí, todas las guerras son asesinato. No valen los slogans con los cuales se justifican tales guerras… Por otro lado, ¿cuándo han visto a alguien que diga que promueve la guerra porque es imbécil cruel? ¡No! Todos dicen que la promueven en nombre de la justicia.
Ya dije que el asesinato en la guerra es un homicidio. Pero quizás no sabemos que es algo todavía peor: es un deicidio, porque matando el hombre se mata la imagen de Dios. Y es también un suicidio porque, a través de cualquier guerra, es el cuerpo social, el cuerpo de toda la humanidad, el que se desangra.
Pero si las cosas son así, ¿por qué estamos participando en la OTAN? Estamos participando en la OTAN (Pacto Atlántico) porque existe un Pacto Anti-Atlántico. También en este asunto, un grupo hace el bloqueo de un lado y otro grupo hace el bloqueo del otro. Es una manera irracional de proceder, pero se hace de igual modo”.
Y para concluir su intervención: “… revestirse del espíritu de la paz; entonces sí, verdaderamente, la razón expulsará el miedo bajo el cual la humanidad está agonizando. Ya no vemos más el rostro del hombre: se escucha hablar de tantas teorías, se leen tantas cifras, se ven tantos movimientos, etc…. Pero con frecuencia olvidamos al hombre; al hombre que sufre, que tiene limitaciones, que padece la tortura y, finalmente, es asesinado en el campo de batalla. ¿Por qué tenemos que seguir adelante con una política que, periódicamente, nos habla de masacres en un lugar o en otro, con los pretextos más variados? Todos nosotros estamos llamados a reaccionar; no importa de qué parte del país vengamos, a qué partido o credo pertenezcamos. Porque de lo que se trata realmente -bajo tantas lágrimas, bajo tanta brutalidad acumulada en las guerras y en el fango- de lo que se trata es de redescubrir el rostro del hombre, en el cual se refleja siempre el rostro de Dios”.

 

A cargo del Centro Igino Giordani de Andria

Para leer el discurso completo, ingresar al vínculo: http://www.focolare.org/wp-content/uploads/2011/06/03_A-proposito-del-Patto-Atlantico.pdf

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